El 13 de setiembre, emprendí una aventura que
había esperado con muchas ansias durante mucho tiempo. La emoción y el
nerviosismo abundaban en mí como si fuera algo espectacular; era obvio que
quería que la mejor experiencia del año empezara ya.
Ahora, voy a empezar a narrar cómo pasé cuatro
días en el ombligo del mundo: Cusco, la ciudad imperial, donde compartí
diversas actividades muy divertidas y entretenidas en compañía de personas a
las que estimo mucho, mi promoción.
Todo empezó el jueves 13 en la noche; nos
reunimos veintiséis alumnas de mi promoción en el aeropuerto José Quiñones
González de Chiclayo listas para partir a la ciudad de Lima, dónde llegaríamos
a las once de la noche ese mismo día. Cuando llegamos a nuestro destino,
pasamos la noche ahí y a las 5 a.m. tomamos el vuelo a la ciudad de Cusco.
Llegamos a las 6:30 a.m. y pudimos percibir el cambio de temperatura, hacía
mucho frío. Nos dirigimos juntas al hotel, y realizamos la distribución de
habitaciones.
Al medio día salimos a almorzar y emprendimos
el tour, con nuestro guía : “El tío George”. Empezamos por la plaza de armas e
hicimos un recorrido a las iglesias. Después, nos fuimos al templo Koricancha, y
después a Sacsayhuaman donde pudimos pasar un buen rato deslizándonos por los
toboganes gigantes de piedra. Luego, continuamos el tour a Tambomachay. En
todos estos sitios sentimos mucho frío y teníamos que ir con ropa bastante
abrigadora. Seguidamente, nos dirigimos a una cena en la ciudad de Cusco; este
primer día fue muy divertido.
Al día siguiente, nos tuvimos que levantar muy
temprano; nos esperaba un desayuno muy agradable de buffet que a todas nos
gustó. Empezamos el recorrido de ese día dirigiéndonos a Huanancancha, un lugar
donde los turistas pueden estar junto a los camellos andinos y nos tomamos
muchas fotos para el recuerdo. A continuación, visitamos Pisac, en donde todas
aprovechamos el tiempo ahí en comprar recuerdos porque los precios eran los más
accesibles para nosotras. Ahí, nos explicaron como era el proceso de tallar las
piedras y el significado de cada una de acuerdo a su color. Después de esto,
procedimos a almorzar a un restaurante cerca del río Urubamba. En el camino,
poníamos música para divertirnos en el bus, pero a veces nos iban explicando la
parte cultural de los paisajes que veíamos por las ventanas. Cuando terminamos
de almorzar fuimos a conocer Ollantaytambo que, con arduo trabajo físico lo
pudimos hacer ya que se trataba de subir muchas escaleras para llegar a ver el
paisaje desde la parte más alta. Para finalizar el segundo día, fuimos a la
cena seguida por el traslado al hotel para ya descansar, pues al siguiente día
teníamos que estar preparadas para ir a visitar a la Maravilla, ir a conocer
Machu Picchu.
El día número tres, era un día especial y el
más esperado, nos levantamos muy temprano con nuestras mochilas listas para
partir. Nos dirigimos en un bus a la estación del tren para dirigirnos al
pueblo de Machu Picchu, todo en un trayecto de dos horas aproximadamente. Cuando
llegamos, nos esperaba el almuerzo ya listo al medio día, y después en bus,
subimos las montañas hasta llegar a la maravilla. Caminamos bastante, y nos
cansamos pero todo valió la pena. Al llegar, nadie se lo podía creer, era muy
bonito y nos tomamos muchas fotos. Mientras hacíamos nuestro recorrido,
escuchábamos las palabras de nuestro guía, el tío George, que nos enseñaba con
mucha alegría la historia de nuestro patrimonio. Era muy bonito compartir un
momento en grupo, observando la naturaleza y los animales que nos rodeaban como
las llamas, alpacas, etc. Sin embargo, a la mitad del recorrido sucedió algo
inesperado, el cielo se puso oscuro y se acercaba una fuerte lluvia que llegó
con granizo. No todas estábamos muy abrigadas y el frío cada vez era mayor. Sin
embargo, logramos refugiarnos en una cabañita que encontramos, estuvimos allí
hasta que la lluvia terminó. Continuamos nuestro recorrido, siempre aprendiendo
cosas nuevas acerca del lugar, todo era interesante y nos despertaba el interés
por la cultura de nuestro país.
Aproximadamente a las 6 p.m. terminamos el
recorrido y regresamos al bus, la mayoría mojadas. Emprendimos el retorno hacia
el pueblo de Machu Picchu, donde estaba preparado el hospedaje para esa noche.
Nos alojamos y acomodamos las pertenencias; luego, nos cambiamos para ir a misa
y a cenar, porque después estaba planeado un bailetón entre nosotras. Este
bailetón tenía un premio, 200 soles que todas queríamos tener, pero teníamos
que esforzarnos mucho. Las ganadoras fueron Yarelis e Ingrid, estaban muy
felices y se sentían satisfechas porque lo habían logrado. Finalmente, nos
dirigimos al hotel, donde pasamos la noche.
Al siguiente día, nos despertamos muy temprano
para regresar a la ciudad de Cusco. Ese último día, visitamos la Sixtina de
América, que nos llamó mucho la atención. Por la tarde tuvimos tiempo libre
para hacer comprar en la feria artesanal frente al hotel. Aprovechamos mucho
ese momento, ya que era el último allí, en el ombligo del mundo.
El martes por la mañana, después de tomar un
rico y nutritivo desayuno, nos dirigimos al aeropuerto de Cusco para ir a la
ciudad de Lima. A las 3: 30 p.m. salió nuestro vuelo dirigiéndonos a Chiclayo,
acá, nos esperaban nuestros papás ansiosos por vernos y escuchar nuestra
historia.
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